La incorporación del caballo junto con otras costumbres de los europeos, por parte de las poblaciones originarias de la región patagónica trajo como resultado una conjunción de rasgos culturales denominado “complejo ecuestre”.
Su adopción permitió gran capacidad de movimiento y de carga modificando las formas de obtención de alimento, por medio de cacerías. El oro y la flecha fueron reemplazados por las boleadoras y las lanzas largas.
Además se introdujeron ovinos y vacunos con amplia aceptación tanto en los mapuches, cultivadores chilenos como entre los cazadores pampeanos, adquiriendo, ambos pueblos rasgos comunes.
En el siglo XVII los contactos entre los pobladores comenzaron a hacerse regulares indicandose así el proceso denominado “araucanización de las pampas” donde el eje de las relaciones era el ganado. A partir de 1820, con los grandes malones y su comercialización este se convirtió en la base de la economía araucana. La posición del ganado y plata fueron el indicador de jerarquía y poder en las tolderías pampeanas.
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