
jueves, 12 de noviembre de 2009

martes, 10 de noviembre de 2009
La incorporación del caballo junto con otras costumbres de los europeos, por parte de las poblaciones originarias de la región patagónica trajo como resultado una conjunción de rasgos culturales denominado “complejo ecuestre”.
Su adopción permitió gran capacidad de movimiento y de carga modificando las formas de obtención de alimento, por medio de cacerías. El oro y la flecha fueron reemplazados por las boleadoras y las lanzas largas.
Además se introdujeron ovinos y vacunos con amplia aceptación tanto en los mapuches, cultivadores chilenos como entre los cazadores pampeanos, adquiriendo, ambos pueblos rasgos comunes.
En el siglo XVII los contactos entre los pobladores comenzaron a hacerse regulares indicandose así el proceso denominado “araucanización de las pampas” donde el eje de las relaciones era el ganado. A partir de 1820, con los grandes malones y su comercialización este se convirtió en la base de la economía araucana. La posición del ganado y plata fueron el indicador de jerarquía y poder en las tolderías pampeanas.
Este grupo de aborigenes supo combinar varias actitudes como la caza, el pastoreo, la recoleccion y la agricultura, lo que marco un estilo de vida muy particular ligada especialmente con la naturaleza.
Los ambientes en los que se desenvolvió la cultura Mapuche en Chile, permitieron el desarrollo de una agricultura en pequeña escala con cultivos de maíz, papa, quinoa, calabaza, habas y ají entre otros. La recolección de plantas silvestres, la caza y la cría de llamas y animales menores en el norte, y la pesca y recolección de mariscos en la costa, completaban los recursos alimenticios.
Al trasladarse a
La vivienda era la del toldo pampeano de cueros de caballo o vaca cosidos; en su interior solía dividirse con pieles y se dormía sobre ellas. Tenía una gran abertura por donde salia el humo y entraba la ventilación. Los niños eran colocados un una especie de cunita, a la que eran asegurados "La cuna con la guagua queda arrimada a la pared de la casa. El niño que está parado en su cuna puede ver a su madre y a todas las personas que trajinan por la casa, con eso se sosiega. Si tiene sueño se le pone en su cuna sobre el catre y luego duerme profundamente. En el caso que llore se le mece o se le tira por encima del suelo en su cuna, arrastrando la cuna sobre sus patas inferiores. Con eso suele callarse el niño, si no se tranquiliza lo toma la madre junto con la cuna y así le da el pecho. De esta manera se crían las guaguas indígenas." (Memorias de un Cacique Mapuche. Pascual Coña.)
Las mujeres se vestían con dos mantas, una cubría todo el cuerpo, dejándole libres los brazos y la parte inferior de las piernas, y con una faja de lana se lo ceñía a la cintura, la otra servía de capa y se colocaba sobre los hombros. Eran muy coquetas con su peinado, y comúnmente se dejaban crecer el cabello para así hacerse dos trenzas que se bamboleaban a sus espaldas.
En cuanto a los hombres, utilizaban una prenda de vestir típica de los gauchos criollos y que se adecuaba perfectamente a la actividad ecuestre: el chiripá, era un paño que cubría la parte delantera de los muslos hasta las rodillas, sujetándose por intermedio de una faja a la cintura. Cuando el clima se hacía riguroso en los inviernos, usaban poncho; esto era lo común, aunque también algunos usaban el quillango Tehuelches. En los pies, calzaban botas de potro, en cuyo extremo inferior se adosaban pequeñas espuelas de madera, hierro, bronce o plata, que servían para azuzar el caballo. Los hombres también usaban el cabello largo y vincha en la frente.
